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EL LIBRO DE KAATHLER EL DIOS DEL FUEGO 
INTRODUCCIÓN
Khârn el Traidor, devastador
de Skalathrax, favorito entre los devoradores de mundos. Khârn vive para la
guerra y la masacre. Vive para alzar el trono de Khorne más que ningún otro de
sus adoradores con los cráneos y la sangre de sus víctimas. Ninguna otra
ambición tiene lugar en su negra alma. Vive para Khorne y para sí. No obstante
su salvajismo en ocasiones tiene consecuencias poco esperadas de las que no
asume ninguna responsabilidad. En más de un aspecto, Khârn es el padrino de
Kaathler, y Skalathrax fue su cuna.
Bien es sabido que los demonios de
la disformidad son realmente las manifestaciones de los sentimientos humanos que
tienen lugar en el plano real. Cuando los seguidores de uno de estos demonios le
adoran y alimenta esa emoción, el demonio gana fuerza y poder. No obstante,
algunos confunden sus emociones y cuando creen estar adorando a un demonio, en
realidad están fortaleciendo a otro, o incluso engendrando un nuevo engendro
disforme. Cuando Khârn se ganó su sobrenombre en el mundo de los Hijos del
Emperador, Skalathrax, Kaathler obtuvo la suficiente fuerza para nacer, débil y
vulnerable frente a los otros demonios, pero vivo.
En aquella fatídica
noche, fría e interminable, Khârn vagó por el planeta poseído por la fiebre de
sangre de Khorne, internándose en cuantas fortalezas, refugfios o ciudades
encontró en su camino y decapitando a todo ser viviente, ya fuera amigo o
enemigo. Para forzar a sus víctimas a salir a su encuentro, incendió todos los
edificios y todos los búnkers. Muchos murieron atrapados e incinerados, y los
que conseguían escapar, aterrorizados y con su cuerpo en llamas sólo encontraban
la muerte a manos de Destripadora. Khârn se movía con extraordinaria rapidez de
una ciudad a otra. Cuando se le veía aparecer por una calle, un perenne incendio
parecía seguirle. En la orgía de fuego y destrucción que tuvo lugar en los meses
que duró la noche de Skarathrax, el poder de Khorne ascendió más allá del
alcance de cualquier otro dios o demonio. Sin embargo, Khorne no se dio cuenta
de que alguien estaba devorando las migas que caían del plato de su festín de
almas. Los millones y millones de esclavos e Hijos del Emperador que no morían
decapitados por Khârn, sino que caían carbonizados o aplastados entre los restos
de los edificios incendiados engendraron un nuevo demonio, un ser que se jactaba
viendo cómo las víctimas del Traidor bailaban con el fuego en una danza de la
muerte, cómo ardían atrapados entre los escombros y cómo montañas de cadáveres
se encogían y ennegrecían pasto de las llamas. Una nueva entidad había nacido,
una que se alimentaba no de la sangre que se vertía, sino de la carne viva que
se quemaba. Puesto que era hijo de Khorne, Kaathler debía ser su nombre,
Kaathler estaba vivo.
Los primeros tiempos de la vida de Kaathler fueron
difíciles. En muchas ocasiones estuvo a punto de desaparecer, de verse reducido
a la nada, bien víctima de demonios rivales o bien a falta de gente en el mundo
real que le alimentase con incendios provocados o sacrificios tribales en mundos
salvajes. No obstante esta debilidad le mantuvo a salvo, oculto a la vista de
los depredadores disformes más peligrosos y de la vigilancia de los eldars y los
inquisidores imperiales. Finalmente, el día de su advenimiento llegó. Una
cruenta guerra se desató en un mundo del imperio humano llamado Armageddon.
Muchas de las razas que dominaban la galaxia parecieron centrar su atención en
aquel pequeño planeta. Las guerras se multiplicaron por toda su faz y la
disformidad se agitó como en una tormenta por los innumerables entes que se
arremolinaron con la esperanza de darse un variopinto festín de almas. Cuando
las selvas ecuatoriales empezaron a ser pasto de las llamas y batallones enteros
fueron acorralados por muros de fuego, Kaathler sintió cómo sus poderes
aumentaban. Cada ser que caía quemado le alimentaba, de pronto no tuvo rival
entre los demonios con quienes antes había de luchar para sobrevivir, ya que la
poderosa esencia de Khorne despertaba en su alma demoníaca. Tras la guerra de
Armageddon, Kaathler había devorados las suficientes almas como para influir en
el mundo real. Había terminado su época de acechador, su época de esperar a que
se produjera un incendio para poder alimentarse. Había llegado la hora en la que
se distinguiría finalmente de los demonios menores, la hora de provocar los
incendios él mismo.
Puesto que había heredado parte de la ambición de
Khorne, no se conformaría con vivir en la disformidad. Deseaba un mundo en el
que sus adoradores gobernasen, un mundo envuelto en llamas para toda la
eternidad. La primera criatura en la que depositó su poder fue un humano, el
chamán de una tribu en un mundo imperial olvidado. Cuando un regimiento de la
guardia imperial se acercó al planeta en respuesta a unos extraños informes de
los astrópatas, el mundo, antes cubierto de selvas letales impenetrables, más
parecía un sol. El imprudente Kaathler había dado rienda suelta a sus emociones
y cada una de las masas de tierra era pasto de las llamas de un modo aún más
salvaje que en su cuna, Skalathrax. Los astrópatas enloquecieron y, a falta de
una explicación más coherente, el comandante de la flota declaró aquel mundo
Perdita Diabolus y dio orden de llevar a cabo un Exterminatus. Cuando los pocos
supervivientes del planeta fueron erradicados junto a los restos de su mundo,
Kaathler aulló, y todos los psíquicos del universo, en mayor o menor medida,
fueron conscientes de que un acto horrible había tenido lugar. En la
disformidad, un joven demonio acababa de destacar entre el resto de cachorros y
había dado un importante paso hacia el Panteón del Caos. Y Khârn, ajeno hasta
entonces de lo que había desencadenado con sus actos en Skalathrax, sintió una
inexplicable oleada de orgullo en su negro corazón.
En los siglos
siguientes a aquel primer acto del Dios del Fuego, Kaathler empezó a anexionar
marines del Caos a sus filas. Obtuvo la mayor parte de sus fuerzas de la legión
de los Devoradores de Mundos, ya que entre ellos había quien prefería ver arder
a sus víctimas que acabar con ellas de un piadoso golpe letal. Varios de los
seguidores más poderosos de Khârn le veneraban por el indiscutible poder que
desplegó al arrasar con fuego y sangre el planeta de los Hijos del Emperador y
una duda se cernió sobre ellos cuando los hechiceros de Kaathler les llamaron
mediante visiones y premoniciones. Ninguno de ellos sobrevivió cuando Khârn
descubrió que pensaban en traicionarle y abandonar a Khorne.
En la
actualidad Kaathler sigue creciendo en poder. Los marines que se unieron a sus
seguidores asaltaron y conquistaron uno de los mundos del Ojo del Terror
controlado por adoradores de Nurgle, donde sus hechiceros crearon un monstruoso
volcán en su honor y rebautizaron el mundo como Infernus. Desde entonces Nurgle
odia a muerte al Dios del Fuego; su magnífico planeta lleno de plagas y
corrupción fue incinerado por los Marines de La Pira de Kaathler, los cuerpos
putrefactos ardieron y sus preciados virus y plagas se consumieron hasta no
dejar rastro. Ahora, Kaathler y Nurgle han entablado una peligrosa rivalidad,
peligrosa para el joven demonio, quien aún no es rival para enfrentarse a gran
escala a los adoradores de un dios del Caos, pero llegará el día en que ascienda
al Panteón, sabe que como hijo del más grande de los dioses es su destino y su
derecho aunque para ello deba enfrentarse a su propio padre.
LISTA DE EJÉRCITO
Hordas de demonios
|
|
Puntos
|
HA
|
HP
|
F
|
R
|
H
|
I
|
A
|
L
|
Sv
|
|
Diablo Ígneo
|
14
|
4
|
0
|
4(5)
|
4
|
1
|
4
|
1
|
8
|
-/5+
|
Los demonios engendrados por Kaathler están envueltos en llamas. No
emplean llamas mágicas como los demonios de Tzeench, sino fuego del universo
material, abrasador e imparable. Muestran ciertas similitudes con los
Desangradores de Khorne, pero son unos rivales mucho menos poderosos, al menos
lo serán hasta que Kaathler adquiera tanto poder como su padre, y está seguro de
que ese día llegará.
Los Diablos Ígneos pueden elegirse como Hordas de
Demonios en un ejército del Caos.
Escuadra: 5-15.
Armamento:
cada tipo de demonio tiene unas habilidades demoníacas distintas; algunas de
ellas son innatas y otras se las confieren las armas que empuñan.
REGLAS
ESPECIALES
Los Diablos Ígneos luchan con enormes armas a dos manos envueltas
en llamas que les proporcionan un +1 a la Fuerza y emplean el fuego que emana de
sus cuerpos como un escudo contra sus enemigos, por lo que poseen la habilidad
Escudo Ígneo. Además, en cada fase de disparo hasta dos Diablos Ígneos de la
escuadra (es indiferente cuales) pueden disparar como si estuvieran equipados
con Lanzallamas.
Las reglas de Invocados, Invulnerable e Inestabilidad
se aplican a los Diablos Ígneos del mismo modo que al resto de Hordas de
Demonios (consulta el Codex: Marines Espaciales del Caos).
La Marca
de Kaathler Puede otorgarse la Marca de Kaathler a un personaje
independiente (+8 ptos) o a las miniaturas de una escuadra (+3 pto/miniat.). Una
miniatura con la marca de Kaathler es capaz de lanzar fuego desde sus manos o de
invocar una ardiente barrera que le protega de sus enemigos. A diferencia de su
padre, Kaathler gusta de emplear la hechicería aunque en mucha menor medida que
la mayoría de demonios que son adorados desde el universo material. Las
miniaturas con la marca de Kaathler poseen la habilidad Escudo Ígneo y además
sufren de Piromanía.
Escudo Ígneo Los seguidores del Dios del Fuego
son capaces de incendiar sus propios cuerpos a voluntad. Las llamas que han
creado no les afectan, pero para sus enemigos resultan abrasadoras. Durante un
combate en el que participe alguna miniatura con la marca de Kaathler, el bando
del Caos puede sumar +1 al número de heridas que ha causado para determinar el
resultado del mismo (se considera que han infligido una herida más de las que
realmente han causado). Sólo puede sumarse +1 al resultado independientemente
del número de miniaturas con Escudo Ígneo implicadas en el combate.
Piromanía Quien adora a Kaathler es un adorador del fuego. Siempre
intentarán hacerse con lanzallamas o cualquier otra arma incendiaria e
intentarán alcanzar al enemigo lo antes posible para utilizarla. Algunos dicen
que este instinto es una deformación de la sed de sangre que Kaathler ha imbuido
a sus acólitos. Las miniaturas y unidades con Piromanía sufren los siguientes
cambios:
- La Combiarma Bolter-Lanzallamas solo cuesta 5 puntos a los
personajes independientes y 3 puntos para los Paladines y los Elegidos
Exterminadores. - Los Elegidos, Marines Espaciales del Caos, Motoristas y
Aniquiladores con la marca de Kaathler pueden cambiar cualquier Lanzallamas con
que estén equipados (excepto el lanzallamas de una combiarma) por un Lanzallamas
Pesado sin coste adicional. Además estas unidades deben incluir al menos una
miniatura (o motocicleta) equipada con Lanzallamas o Lanzallamas Pesado. -
En el caso de los Elegidos, cada unidad que formen que posea la Marca de
Kaathler debe incluir al menos una miniatura, con servoarmadura o de
exterminador, equipada con Lanzallamas o Lanzallamas Pesado. - El
Lanzallamas Pesado sólo cuesta 10 ptos para los Elegidos Exterminadores. -
El poder Vientos del Caos, que para los acólitos de Kaathler toma la forma de un
torrente de magma, sólo cuesta 15 ptos para los hechiceros. - Las miniaturas
y unidades con la Marca de Kaathler deben tirar 1D6 al principio de cada turno
del Caos. Con un resultado de 1 deberán mover 3D6 cm hacia el enemigo más
próximo. Este movimiento no afecta a su capacidad normal de movimiento y asalto,
pero se considera que han movido a efectos de disparar. Si las miniaturas
estaban siendo transportadas en un vehículo, deberán abandonarlo antes de mover.
- Una miniatura con Piromanía no puede unirse a una escuadra que no la
tenga, y una miniatura sin Piromanía no puede unirse a una escuadra que la
tenga.
Vehículos de Kaathler Un vehículo encomendado a Kaathler
tiene la modificación para vehículos Escupefuego (+15 ptos). El vehículo estará
bajo la protección de un demonio de Kaathler que atacará con furia a cualquier
enemigo que se acerque. Una de las armas del vehículo, a elección del jugador
del Caos, podrá disparar durante toda la batalla como indique su perfil o como
si fuera un Lanzallamas Pesado (el jugador elige como qué quiere dispararla en
cada turno, pero no se puede disparar de las dos formas a la vez). Si elige un
Lanzallamas Pesado para recibir el Escupefuego, el arma causará el doble de
impactos de lo habitual (dobla el número de miniaturas bajo la plantilla). Esta
modificación no puede aplicarse a otra modificación para vehículos, debe
tratarse de un arma propia del mismo. Los Dreadnoughts que posean esta
modificación adquieren además el Escudo Ígneo.
Regalos de Kaathler.
Las siguientes opciones de equipo sólo pueden ser escogidas por miniaturas
con la marca de Kaathler. Se aplican las mismas reglas y restricciones
contempladas en la armería del Caos. Las opciones marcadas con * pueden ser
utilizadas por miniaturas con armadura de exterminador.
Hacha Magmática*
(arma demonio) 20 ptos Inmolación* 20 ptos Estandarte Ardiente* 50 ptos
Forma Ígnea 20 ptos Pirotauro 40 ptos Martillo Infernal* (arma
demonio) 25 ptos Sangre Ígnea* 15 ptos Torrente de Fuego 15 ptos
Hacha Magmática Forjada en el volcán de Kaathler en Infernus, esta
diabólica arma arde con el fuego del infierno y posee terribles poderes con los
que puede invocar la lava de Infernus para consumir a los enemigos de su
portador. Se considera un arma de energía. En cada ronda de combate su
portador puede elegir utilizarla habitualmente o invocar un tornado de fuego y
magma que acabe con todos sus enemigos. Si elige la segunda opción, la miniatura
no podrá efectuar ningún ataque; en su lugar coloca la plantilla de artillería
pesada centrada sobre la miniatura. Todas las miniaturas cubiertas por completo
son impactadas automáticamente, las cubiertas de forma parcial son impactadas
con un 4+, y sufrirán un impacto de F5 que admite todo tipo de tiradas de
salvación. Las miniaturas con la Marca de Kaathler y los demonios y vehículos
consagrados a Kaathler son inmunes.
Inmolación Con sólo tocar a un
enemigo, el hechicero hace que estalle en llamas para que baile con el fuego de
Kaathler hasta la muerte. Se trata de un poder psíquico que se emplea en la
fase de asalto (propia o enemiga), por lo que sólo las miniaturas que posean la
marca de Kaathler y la habilidad de hechicero pueden utilizarlo. Si el hechicero
causa una herida no salvada a una miniatura enemiga y ésta no muere, puede
intentar Inmolarla superando un chequeo psíquico. Si lo supera, la miniatura
enemiga sufrirá 1D3 heridas adicionales que permiten todo tipo de tiradas de
salvación.
Estandarte Ardiente El pabellón que cuelga de su asta
está permanentemente en llamas. Además de poder utilizarse como una reliquia de
Kaathler, una vez por batalla el estandarte escupirá lenguas de fuego en todas
direcciones que buscan a los enemigos de Kaathler y los incineran. Cuando esto
suceda (durante la propia fase de disparo) una unidad enemiga con alguna
miniatura a 15 cm o menos del Estandarte Ígneo sufrirá 1D6 impactos de F5 y FP4
que niegan las tiradas de salvación por cobertura. No se puede impactar a
unidades trabadas en combate cuerpo a cuerpo.
Forma Ígnea Mediante
sus maléficos poderes, el paladín es capaz de asumir la forma de una riada de
fuego y desplazarse a gran velocidad por el campo de batalla buscando el combate
más encarnizado. Una miniatura con Forma Ígnea mueve como si poseyera
Velocidad Demoníaca, pero ignora el terreno cuando efectúa su movimiento de
asalto. Se considera como un tipo especial de movimiento por lo que no puede
combinarse con un corcel ni con otros movimientos especiales.
Pirotauro
Esta pesada montura está formada de lava e impía maquinaria infernal. Se
dice que se trata de antiguos Juggernauts de Khorne que algunos Devoradores de
Mundos entregaron a su nuevo dios. Su aliento es una llamarada y sus pisadas
funden el suelo. Una miniatura montada en un Pirotauro obtiene Esencia
Demoníaca y Fuerza Demoníaca. Además, en la fase de disparo el jinete puede
instar a su Pirotauro a vomitar un torrente de fuego en lugar de disparar con
sus armas, por lo que el Pirotauro proporciona el Torrente de Fuego a su jinete.
Martillo Infernal Se dice que estos artefactos son en realidad las
herramientas que emplean los herreros infernales de Kaathler para forjar sus
armas, y que fue mediante su uso que se formó el Volcán de Kaathler. De ser así,
se desconoce cómo han llegado al universo material o quién los ha traido. Lo
único que se sabe de ellas es que cuando alguien emplea uno de ellos en combate
la tierra a su alrededor tiembla como si un dios furioso la agitase. Se
considera como un arma de combate cuerpo a cuerpo normal a dos manos que dobla
la Fuerza de su portador hasta un máximo de 10. Los temblores que provoca el
demonio contenido en el arma cuando ésta es blandida en combate hacen casi
imposible la huida ya que los enemigos tropiezan y caen antes de poder alejarse
de sus perseguidores. Las unidades que pierdan un combate cuerpo a cuerpo contra
una miniatura equipada con Martillo Infernal deberán utilizar dos dados menos de
lo habitual para determinar su distancia de Retirada. Esto es aplicable incluso
a tropas equipadas con retrorreactores o equipos similares, ya que los
constantes terremotos les dificultan el despegue.
Sangre Ígnea Con
este regalo de su dios el paladín está protegido, ya que por sus venas corre un
líquido demoníaco similar a la lava que abrasará a todo aquel que se atreva a
herirle. Cada herida no salvada que se cause a una miniatura con Sangre
Ígnea infligirá un impacto automático de F3 a la miniatura que la causó que
permite todo tipo de tiradas de salvación.
Torrente de Fuego
Kaathler otorga cierto grado de control a aquellos que mejor demuestran su
habilidad para acabar con sus enemigos con el fuego. Con sus nuevos poderes,
estos agraciados pueden lanzar una ardiente bola de llamas desde sus manos que
consume a todo el que se le oponga. Una miniatura con Torrente de Fuego
puede disparar en la fase de disparo como si estuviese equipada con un
Lanzallamas en lugar de disparar otra arma.

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