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A spiritu dominato, Invocación del Fede Imperiales, generalmente denominada Oración de Batalla del Adepta Sonoritas.
El Adepta Sonoritas, también denominada la Hermandad, remonta sus orígenes al 36º milenio, a la oscura y distante Era de la Apostasía. Fue el Alto Señor Vandire, el demente que casi logró hacerse con el control total del Imperio, quién descubrió en el apartado mundo de San Leor a una secta de mujeres guerreras conocidas como las Hijas del Emperador. Vandire codició esta comunidad, ya que vio en ella a un cuerpo de guerreras a las que podría convertir en una escolta personal mortífera y leal si lograba someterlas a su voluntad. Por eso viajó hasta San Leor, pero las Hijas del Emperador atrancaron las puertas de su templo para que no pudiese entrar. Vandire declaró que el Emperador lo protegía y les dijo que presenciarían un hecho que probaría su afirmación más allá de toda duda. Entonces ordenó a uno de sus guardias que le disparase en el pecho; cuando un halo de luz cegadora y pura lo rodeó, las hermanas se arrodillaron ante él, convencidas de que había sido bendecido con la autoridad divina del Emperador. Muchas décadas después de aquel incidente descubrieron que el Alto Señor llevaba un rosarius, una reliquia sagrada que contenía un potente generador de campo de conversión. Pero las hermanas nunca habían oído hablar de aquel objeto y su ardid las convenció. De esta forma se convirtieron en la guardia personal de Vandire. Mientras continuaba la infame Era de la Apostasía, el reinado de sangre de Vandire llevó la miseria y los conflictos a gran parte del Imperio. Entretanto, el Alto Señor había caído en los delirios y la tiranía y fue entonces cuando apareció un joven llamado Sebastián Thor que, precendete del lejano mundo de Dimmamar, desafió su gobierno. Los sermones apasionados de Thor en los que predicaba contra la corrupción de Vandire habían arrastrado también a la Eclesiarquía y al Imperio y millones de personas se levantaron contra el gobierno del Alto Señor de Terra acomopañado de su escolta personal, a las que llamaba las “Consortes del Emperador”. Vandire se enfrentaba a las fuerzas combinadas de cuatro capítulos de Marines Espaciales y un vasto contingente del Adeptus Mechanicus, pero, aun así, se resistía a la posibilidad de su propia caída. Aunque sus fuerzas fueron mermadas considerablemente y sus oficiales desertaban a la menor oportunidad, las Consortes del Emperador permanecieron firmes a su lado y el asedio se alargó sin ninguna fuerza lograra romperlo. En el punto más álgido del conflicto, apareció una nueva fuerza. Se trataba del Adeptus Custodes, la guardia pretoriana del propio Emperador, que había permanecido resguardada de la carga y descubrió el alcance de los crímenes de Vandire tras reuhirse en secreto con los maestros de los capítulos del Adeptus Astartes que asaltaban el palacio eclesiarcal. Los custodes se deslizaron por conductos y psadizos subterráneos construidos hacia milenios y llegaron hasta la cámara de audiencias de Vandire. Las Consortes del Emperador los desafiaron inmediatamente, pero el líder de los custodes, un centurión de las compañías, pidió parlamento. El centurión bajó las armas y pronunció una súplica apasionada a las Consortes del Emperador tratando de convencerlas de que servían a un ser diabólico y de que renunciaran a sus votos de lealtad al Alto Señor. Aunque habó durante más de una hora, la líder de las consortes, Alicia Dominica, permaneció impasible frente a sus razonamientos y, cuando el centurión vio que cogía sus armas, le hizo una última propuesta. Dejó a sus hombres como rehenes y condujo a Dominica y a sus tenientes por los pasadizos secretos bajo el palacio. Las Consortes del Emperador siguieron al centurión durante kilómetros de túneles oscuros y húmedos hasta que llegaron a una puerta, un portal espantoso custodiado por un severo Adeptus Custodes. La puerta irradiaba una luz dorada y el centurión explicó a Dominica lo que estaba a punto de suceder. La puerta se abrió y las seis Consortes del Emperador caminaron sobre el suelo más santificado de toda la galaxia. Aunque no existe constancia escrita de lo que allí ocurrió, se cree que las hermanas fueron llevadas ante la presencia del propio Dios Emperador de la Humanidad. Es evidente que una gran verdad les fue comunicada a Dominica y sus hermanas, pero los que han tratado de averiguar la naturaleza de tal verdad han pagado cara su osadía sufriendo la peor de las muertes. Cuando las seis hermanas volvieron a emerger tras la puerta, sus miradas estaban impregnadas de un odio profundo. Atravesaron los pasadizos secretos y se dirigieron con celeridad a la cámara de audiencias de Vandire. Dominica habló a las Consortes del Emperador allí reunidas mientras el Alto Señor hacía caso omiso a sus palabras trazando el plan de defensa de su palacio. Dominica declaró la traición del Alto Señor, los actos diabólicos que había perpetrado y, lo peor, los que su orden había cometido en su nombre. Mientras hablaba, las arfmas cayeron al suelo en silencio y, una a una, las defensoras avanzaron hacia la entrada. Vandire levantó la vista de los mapas y los planos y se enfrascó e Dominica se adelantó para pronunciar unas palabras, palabras que en la actualidad están grabadas en la tumba de la Hermana de Batalla: El Alto Señor negó con la cabeza y pronunció sus últimas palabras: “No tengo tiempo para morir… ¡Estoy demasiado ocupado!”. Alicia Dominica decapitó a Vandire con un solo movimiento de su espada de energía, partiendo en dos su rosarios. El reinado de la sangre había llegado a su fín. Tras la muerte de Vandire, Sebastián Thor fue declarado Eclesiarca e inició un periodo de reformas profundas en la Eclesiarquía. Los Altos Señores de Terra temían que volviera a repetirse el Reinado de Sangre de Vandire y, por ello, instauraron el “Decreto Pasivo”, en el que prohibían que la Eclesiarquía formara “hombres armados”. De todas formas, Thor ordenó formalmente a Dominica que fundase la orden de las Apdeta Sonoritas, con lo cual se ceñía a las palabras (aun que no al espíritu) de tal decreto, pues todas las guerreras eran mujeres. Al final de la Era de la Apostasía surgió una nueva organización: El Ordo Hereticus. Esta organización se formó inicialmente para que una calamidad como la Era de la Apostasía no volviera a repetirse jamás en el Imperio, pero, con el tiempo, se encargó no solo de la herejía doctrinal, sino también de las divergencias genéticas y psíquicas. Tras la formación de las Órdenes Militantes, los maestros del Ordo Hereticus y los grados más altos de las Adepta Sonoritas se reunieron en la Asamblea de Nephilim para firmar un documento en el que se reconocía a la Hermandad como la Cámara Militante del Ordo Hereticus. Los detalles exactos del acuerdo nunca se han revelado, pero algunos piensan que tenían que ver con los conocimientos adquiridos por Dominica y sus compañeras cuando estuvieron en presencia del Trono Dorado del Emperador. Tan peligroso debía ser ese conocimiento que hizo necesario que las dos organizaciones se unieran, lo que pruena el peso de la labro que cargan el Adepta Sonoritas y el Ordo Hereticus. Otros piensan que la Asamblea tenía el propósito de restringir el poder de la Eclesiarquía y aprovechó el hecho de que las Sororitas eran una fuerza leal y entusiasta que podía usarse para reforzar las órdenes del recién formado Ordo (haciendo así la vista gorda al espíritu del Decreto Pasivo). Sea cuál fuere la verdad, los que osan buscarla sin la bendición de los altos grados de ambas organizaciones solo encuentran una muerte lenta y dolorosa en las cámraas más recónditas y horribles del Ordo Hereticus o una muerte igualmente dolorosa y temible a manos de las Adepta Sororitas.
Aunque las órdenes están enclavadas en una de estas dos sedes, la Hermandad es una organización más homogénea que otras instituciones del Imperio, como el Adeptus Astartes o la Guardia Imperial. Aunque las hermanas suelen pasar muchas horas del día en soledad o entrenándose, no por ello dejan de formar parte de una organización más grande que su propia orden. Por esta razón, se ven a sí mismas tan integrantes del Adepta Sonoritas como de su orden. Además, es bastante frecuente que una hermana se transfiera de una orden a otra, particularmente en el caso de hermanas heridas o demasiado viejas para luchar. En estos casos, las hermanas se trasladan de una orden militante a una orden no militante, como las órdenes famulantes o las hospitalarias. Las hermanas del Adepta Sonoritas de más edad abandonan la organización para formar parte del cuadro directivo del Apdetus Terra o de la Inquisición. No se tienen noticias de casos similares en el Adeptus Astartes y son rarísimos en las filas de la Guardia Imperial. Se ha observado que las diferentes órdenes de las Adepta Sonoritas no difieren demasiado entre sí en términos de doctrina de combate y organización, como muchos capítulos de Marines Espaciales o regimientos de la Guardia Imperial. En el caso de los Astartes, estas diferencias se originan por el fuerte vínculo genético que los une al primarca del capítulo y, en el caso de la Guardia Imperial, son resultado de doctrinas de combate exclusivas de la cultura en las que el regimiento se ha desarrollado. Las Adepta Sonoritas pueden reducir los caminos de sus doctrinas a una fuente única: el templo de las Hijas del Emperador de San Leor. Por esta razón, las enseñanzas se han mantenido igual desde la época de su creación. A pesar de la falta de divergencias significativas entre las órdenes militantes en términos de organización y doctrina de combate, hay cierto nivel de variación en las enseñanzas de las fundadoras de las órdenes, variación que va dirigida a reflejar los rasgos distintivos de cada santa fundadora. Por ejemplo, el aspecto de las Hermanas de la Orden de Nuestra Señora Mártir refleja la naturaleza vengativa de su santa patrona, Santa Catherine, mientras que las Hermanas de la Rosa Ensangrentada comparten la ira de la Santa Mina. Las Órdenes MilitantesDurante los primeros dos mil años de historia de las Adepta Sonoritas, cada orden establecía un número de conventos subsidiarios en lugares importantes de la Eclesiarquía. Solían tratarse de guarniciones pequeñas que se encontraban a una distancia enorme de los dos conventos principales situados en Terra y Ophelia VII. Pero, con el tiempo, empezaron a desarrollar una identidad distinta de la de su orden fundadora. Además, estas fuerzas pequeñas tenían una situación ideal para responder a peticiones de ayuda de inquisidores del Ordo Hereticus y, finalmente, acabaron separándose de sus órdenes fundadoras. El número y tamaño exactos de estas órdenes militantes menores u Ordines Minores es pura conjetura. Se asume que no son tan grandes como ninguna de las seis órdenes mayores y que incluso algunas serían tan pequeñas que tendrían alrededor de cien hermanas. Se sabe que las líderes de las órdenes menores, al menos en teoría, han de responder ante las líderes de las órdenes mayores que las formaron, pero esto sería poco práctico dado el tamaño del Imperio y el gran número de años de distancia que separan una orden menor de su orden fundadora. Las Órdenes No MilitantesLas primeras Hijas del Emperador eran tan solo una comunidad de guerreras que se entrenaban en una amplia gama de disciplinas a través de las cuales creían que podían servir mejor al Dios Emperador de la Humanidad. Estas disciplinas iban desde el estudio escolástico y el debate filosófico a los cuidados médicos. Muchas de estas tradiciones de las Adepta Sonoritas perduraron de una forma u otra hasta la era posterior a la Apostasía. Las practicantes de cada disciplina se organizan en una de las tres órdenes mayores (y otras muchas más pequeñas) que se dedican completamente a su propia esfera de influencia. Las integrantes de estas órdenes suelen convertirse en consejeras de autoridades de la Ecelsiarquía y el Adeptus Terra y también acompañan a inquisidores del ordo Hereticus, ya que poseen conocimientos especializados e inestimables. Algunas órdenes, como las dialogantes y las famulatas, cuentan con el mismo número de hermanas que las órdenes militantes, mientras que otras solo disponen de un número reducido, ya que su especialización es muy rara. Los claustros de los conventos Prioris y Sanctorum son enormes y tortuosos y aquellos que l9os han visto no sabrían adivinar la extensión total de las hermanas que trabajan en el interior de las cámaras lúgubres.
Se dice que las hermanas de más antigüedad de las órdenes dialogantes mantienen los textos ancestrales en la biblioteca oscura y polvorienta de la Cámara de los Orígenes, enclavada bajo el palacio del Eclesiarca en Terra. Solo las autoridades más altas de la Eclesiarquía tienen acceso a estos archivos sagrad0s, pues se rumorea que allí se guardan bajo llave los secretos de la Era de la Apostasía y del reinado de Vandire. » Las Órdenes Famulatas » Las Órdenes Hospitalarias » Las Órdenes Sabinas
» Santa Dominica, Santa Patrona de la Hermandad – Fundadora de la Orden del Cáliz de Ébano – Portadora del Grial Eterno. Dominica lideró a las hermanas en muchas cruzadas y supervisó los primeros años de la Hermandad del Adepta Sonoritas y así continuó durante varios siglos hasta su caída en la btalla del Azote del Mundo de Frideswide. Parece ser que Dominica sobrevivió a cientos de golpes en la batalla, pero finalmente cayó bajo una ráfaga de impactos de rifle láser que penetraron en su armadura y la alcanzaron el corazón. El símbolo de la orden de Dominica es un cáliz de ébano llameante en forma de cráneo; una representación del terrible conocimiento impartido por Dominica cuando fue llevada ante el Trono Dorado. Pocos conocen el significado de este símbolo en el arte Sonorita. » Santa Catherine, Fundadora de la Orden del Corazón Valeroso - Portadora del Escudo. Su orden se denominó originalmente la Orden del Corazón Valeroso, en referencia a su temperamento acalorado, pero la orden pasó a llamarse la Orden de Nuestra Señora Mártir tras su muerte a manos del Aquelarre de Mnestteus. Catherine aparece en las representaciones sonoritas como un ángel vengador de pie sobre una nube y rodeada por un halo. A menudo porta una espada y un estandarte en referencia a su papel de simbólico como portadora de las armas de Dominica, así como un escudo que representa el praesidium protectiva de Dominica. » Santa Silvana, Fundadora de la Orden del Sudario de Plata. Se cree que Silvana murió envenenada por un asesino del Culto de la Muerte y la leyenda dice que su cuerpo desapareció una semana después del santuario de Convento Prioris. En su mortaja se grabó el contorno plateado de sus huesos, sudario reverenciado como una de las reliquias más sagradas de la Hermandad y que da el nombre a la orden. La imagen comúnmente asociada a Santa Silvana es un sudario en el que está impresa la imagen espectral de su esqueleto. » Santa Lucía, Fundadora de la Orden del Corazón Valeroso. Aunque Lucía nunca lo supo, entre los torturados estaba un grupo de hermanas, pero se dice que ninguna de ellas emitió ningún sonido mientras las torturaban para no causarle a Lucía más dolor del que ya había sufrido. Lucía es representada por las sonoritas como una mujer con un pañuelo tapándole los ojos y una gota de sangre resbalando por una de sus mejillas. Empuña una espada en lo alto para simbolizar su papel como guerrera de las órdenes militantes. También puede sostener un cráneo en su mano izquierda que representa la cabeza cortada de Vandire, pues se dice que la recuperó después de que Dominica lo decapitase, que la pulió, que le grabó las Letanías y que luego la guardó en el interior de la Cámara de los Orígenes. » Santa Mina, Fundadora de la Orden de la Rosa Ensangrentada. Mina fue martirizada por un culto sanguinario, cuyos agentes tendieron una emboscada le mientras rezaba en una pequeña capilla de Hydraphur. Ninguna de las hermanas estaba presente, pero se dice que, cuando descubrieron su cuerpo, toda la capilla estaba cubierta con la sangre de sus asaltantes, algunos de los cuales yacían muertos junto al cadáver exangüe de Mina. El símbolo de Santa Mina es una rosa roja con espinas que representa su naturaleza. La rosa está atravesada por dos cuchillos que gotean sangre, simbolizando las circunstancias de su martirio. » Santa Arabella, Fundadora de la orden de la Rosa Sagrada de La Liberadora. No se sabe si Arabella sufrió martirio o murió de vieja o si le sobrevino otro destino. Las investigaciones sobre este asunto no han desvelado nada debido al silencio de su orden al respecto. El símbolo de Arabella es una rosa blanca en un guantelete.
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Libro de Moghtu - Dios de la oscuridad. By Aertes |