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LA ORDO HERETICUS |
A spiritu dominato,
Domine, libra nos,
del rayo y la
tempestad,
Emperador, libranos
de la peste, la
tentación t la guerra.
Del azote del Kraken.
Emperador, libranos.
De la blasfemia de
los Descarriados.
Emperador, libranos.
De los engendros
demoniacos.
Emperador, libranos.
De la maldición de
los mutantes.
Emperador, libranos.
A morte perpetua,
Domine, libra nos.
Porque solo la muerte
pueden esperar de vos,
ninguno se librará de
vos,
ninguno será
perdonado por vos,
te lo rogamos,
destrúyelos.
Invocación del Fede
Imperiales, generalmente denominada Oración de Batalla del Adepta Sonoritas.
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EL LIBER SORORITAS Las hermanas de batalla del Adepta Sonoritas son la elite
del brazo armado de la Eclesiarquía y, mediante pactos ancestrales, forman la
cámara militante del Ordo Hereticus. Empuñando la trinidad sagrada del bólter,
el rifle de fusión y el lanzallamas, las hermanas son conocidas en todo el
Impero como el azote del traidor, el mutante y la bruja.
Las adepta Sonoritas El Adepta Sonoritas, también denominada la Hermandad, remonta sus orígenes al 36º milenio, a la oscura y distante Era de la Apostasía. Fue el Alto Señor Vandire, el demente que casi logró hacerse con el control total del Imperio, quién descubrió en el apartado mundo de San Leor a una secta de mujeres guerreras conocidas como las Hijas del Emperador. Vandire codició esta comunidad, ya que vio en ella a un cuerpo de guerreras a las que podría convertir en una escolta personal mortífera y leal si lograba someterlas a su voluntad. Por eso viajó hasta San Leor, pero las Hijas del Emperador atrancaron las puertas de su templo para que no pudiese entrar. Vandire declaró que el Emperador lo protegía y les dijo que presenciarían un hecho que probaría su afirmación más allá de toda duda. Entonces ordenó a uno de sus guardias que le disparase en el pecho; cuando un halo de luz cegadora y pura lo rodeó, las hermanas se arrodillaron ante él, convencidas de que había sido bendecido con la autoridad divina del Emperador. Muchas décadas después de aquel incidente descubrieron que el Alto Señor llevaba un rosarius, una reliquia sagrada que contenía un potente generador de campo de conversión. Pero las hermanas nunca habían oído hablar de aquel objeto y su ardid las convenció. De esta forma se convirtieron en la guardia personal de Vandire. Mientras continuaba la infame Era de la Apostasía, el reinado de sangre de Vandire llevó la miseria y los conflictos a gran parte del Imperio. Entretanto, el Alto Señor había caído en los delirios y la tiranía y fue entonces cuando apareció un joven llamado Sebastián Thor que, precendete del lejano mundo de Dimmamar, desafió su gobierno. Los sermones apasionados de Thor en los que predicaba contra la corrupción de Vandire habían arrastrado también a la Eclesiarquía y al Imperio y millones de personas se levantaron contra el gobierno del Alto Señor de Terra acomopañado de su escolta personal, a las que llamaba las “Consortes del Emperador”. Vandire se enfrentaba a las fuerzas combinadas de cuatro capítulos de Marines Espaciales y un vasto contingente del Adeptus Mechanicus, pero, aun así, se resistía a la posibilidad de su propia caída. Aunque sus fuerzas fueron mermadas considerablemente y sus oficiales desertaban a la menor oportunidad, las Consortes del Emperador permanecieron firmes a su lado y el asedio se alargó sin ninguna fuerza lograra romperlo. En el punto más álgido del conflicto, apareció una nueva fuerza. Se trataba del Adeptus Custodes, la guardia pretoriana del propio Emperador, que había permanecido resguardada de la carga y descubrió el alcance de los crímenes de Vandire tras reuhirse en secreto con los maestros de los capítulos del Adeptus Astartes que asaltaban el palacio eclesiarcal. Los custodes se deslizaron por conductos y psadizos subterráneos construidos hacia milenios y llegaron hasta la cámara de audiencias de Vandire. Las Consortes del Emperador los desafiaron inmediatamente, pero el líder de los custodes, un centurión de las compañías, pidió parlamento. El centurión bajó las armas y pronunció una súplica apasionada a las Consortes del Emperador tratando de convencerlas de que servían a un ser diabólico y de que renunciaran a sus votos de lealtad al Alto Señor. Aunque habó durante más de una hora, la líder de las consortes, Alicia Dominica, permaneció impasible frente a sus razonamientos y, cuando el centurión vio que cogía sus armas, le hizo una última propuesta. Dejó a sus hombres como rehenes y condujo a Dominica y a sus tenientes por los pasadizos secretos bajo el palacio. Las Consortes del Emperador siguieron al centurión durante kilómetros de túneles oscuros y húmedos hasta que llegaron a una puerta, un portal espantoso custodiado por un severo Adeptus Custodes. La puerta irradiaba una luz dorada y el centurión explicó a Dominica lo que estaba a punto de suceder. La puerta se abrió y las seis Consortes del Emperador caminaron sobre el suelo más santificado de toda la galaxia. Aunque no existe constancia escrita de lo que allí ocurrió, se cree que las hermanas fueron llevadas ante la presencia del propio Dios Emperador de la Humanidad. Es evidente que una gran verdad les fue comunicada a Dominica y sus hermanas, pero los que han tratado de averiguar la naturaleza de tal verdad han pagado cara su osadía sufriendo la peor de las muertes. Cuando las seis hermanas volvieron a emerger tras la puerta, sus miradas estaban impregnadas de un odio profundo. Atravesaron los pasadizos secretos y se dirigieron con celeridad a la cámara de audiencias de Vandire. Dominica habló a las Consortes del Emperador allí reunidas mientras el Alto Señor hacía caso omiso a sus palabras trazando el plan de defensa de su palacio. Dominica declaró la traición del Alto Señor, los actos diabólicos que había perpetrado y, lo peor, los que su orden había cometido en su nombre. Mientras hablaba, las arfmas cayeron al suelo en silencio y, una a una, las defensoras avanzaron hacia la entrada. Vandire levantó la vista de los mapas y los planos y se enfrascó en otra diatriba sangrienta de defensa de su reino. Pero, como respuesta a sus palabras, solo recibió el silencio de las consortes indignadas. Dominica se adelantó para pronunciar unas palabras, palabras
que en la actualidad están grabadas en la tumba de la Hermana de Batalla: El Alto Señor negó con la cabeza y pronunció sus últimas palabras: “No tengo tiempo para morir… ¡Estoy demasiado ocupado!”. Alicia Dominica decapitó a Vandire con un solo movimiento de su espada de energía, partiendo en dos su rosarios. El reinado de la sangre había llegado a su fín. Tras la muerte de Vandire, Sebastián Thor fue declarado Eclesiarca e inició un periodo de reformas profundas en la Eclesiarquía. Los Altos Señores de Terra temían que volviera a repetirse el Reinado de Sangre de Vandire y, por ello, instauraron el “Decreto Pasivo”, en el que prohibían que la Eclesiarquía formara “hombres armados”. De todas formas, Thor ordenó formalmente a Dominica que fundase la orden de las Apdeta Sonoritas, con lo cual se ceñía a las palabras (aun que no al espíritu) de tal decreto, pues todas las guerreras eran mujeres. Al final de la Era de la Apostasía surgió una nueva organización: El Ordo Hereticus. Esta organización se formó inicialmente para que una calamidad como la Era de la Apostasía no volviera a repetirse jamás en el Imperio, pero, con el tiempo, se encargó no solo de la herejía doctrinal, sino también de las divergencias genéticas y psíquicas. Tras la formación de las Órdenes Militantes, los maestros del Ordo Hereticus y los grados más altos de las Adepta Sonoritas se reunieron en la Asamblea de Nephilim para firmar un documento en el que se reconocía a la Hermandad como la Cámara Militante del Ordo Hereticus. Los detalles exactos del acuerdo nunca se han revelado, pero algunos piensan que tenían que ver con los conocimientos adquiridos por Dominica y sus compañeras cuando estuvieron en presencia del Trono Dorado del Emperador. Tan peligroso debía ser ese conocimiento que hizo necesario que las dos organizaciones se unieran, lo que pruena el peso de la labro que cargan el Adepta Sonoritas y el Ordo Hereticus. Otros piensan que la Asamblea tenía el propósito de restringir el poder de la Eclesiarquía y aprovechó el hecho de que las Sororitas eran una fuerza leal y entusiasta que podía usarse para reforzar las órdenes del recién formado Ordo (haciendo así la vista gorda al espíritu del Decreto Pasivo). Sea cuál fuere la verdad, los que osan buscarla sin la bendición de los altos grados de ambas organizaciones solo encuentran una muerte lenta y dolorosa en las cámraas más recónditas y horribles del Ordo Hereticus o una muerte igualmente dolorosa y temible a manos de las Adepta Sororitas. Las Órdenes Militantes
Aunque las órdenes están enclavadas en una de estas dos sedes, la Hermandad es una organización más homogénea que otras instituciones del Imperio, como el Adeptus Astartes o la Guardia Imperial. Aunque las hermanas suelen pasar muchas horas del día en soledad o entrenándose, no por ello dejan de formar parte de una organización más grande que su propia orden. Por esta razón, se ven a sí mismas tan integrantes del Adepta Sonoritas como de su orden. Además, es bastante frecuente que una hermana se transfiera de una orden a otra, particularmente en el caso de hermanas heridas o demasiado viejas para luchar. En estos casos, las hermanas se trasladan de una orden militante a una orden no militante, como las órdenes famulantes o las hospitalarias. Las hermanas del Adepta Sonoritas de más edad abandonan la organización para formar parte del cuadro directivo del Apdetus Terra o de la Inquisición. No se tienen noticias de casos similares en el Adeptus Astartes y son rarísimos en las filas de la Guardia Imperial. Se ha observado que las diferentes órdenes de las Adepta Sonoritas no difieren demasiado entre sí en términos de doctrina de combate y organización, como muchos capítulos de Marines Espaciales o regimientos de la Guardia Imperial. En el caso de los Astartes, estas diferencias se originan por el fuerte vínculo genético que los une al primarca del capítulo y, en el caso de la Guardia Imperial, son resultado de doctrinas de combate exclusivas de la cultura en las que el regimiento se ha desarrollado. Las Adepta Sonoritas pueden reducir los caminos de sus doctrinas a una fuente única: el templo de las Hijas del Emperador de San Leor. Por esta razón, las enseñanzas se han mantenido igual desde la época de su creación. A pesar de la falta de divergencias significativas entre las órdenes militantes en términos de organización y doctrina de combate, hay cierto nivel de variación en las enseñanzas de las fundadoras de las órdenes, variación que va dirigida a reflejar los rasgos distintivos de cada santa fundadora. Por ejemplo, el aspecto de las Hermanas de la Orden de Nuestra Señora Mártir refleja la naturaleza vengativa de su santa patrona, Santa Catherine, mientras que las Hermanas de la Rosa Ensangrentada comparten la ira de la Santa Mina. Órdenes Militantes Menores Durante los primeros dos mil años de historia de las Adepta Sonoritas, cada orden establecía un número de conventos subsidiarios en lugares importantes de la Eclesiarquía. Solían tratarse de guarniciones pequeñas que se encontraban a una distancia enorme de los dos conventos principales situados en Terra y Ophelia VII. Pero, con el tiempo, empezaron a desarrollar una identidad distinta de la de su orden fundadora. Además, estas fuerzas pequeñas tenían una situación ideal para responder a peticiones de ayuda de inquisidores del Ordo Hereticus y, finalmente, acabaron separándose de sus órdenes fundadoras. El número y tamaño exactos de estas órdenes militantes menores u Ordines Minores es pura conjetura. Se asume que no son tan grandes como ninguna de las seis órdenes mayores y que incluso algunas serían tan pequeñas que tendrían alrededor de cien hermanas. Se sabe que las líderes de las órdenes menores, al menos en teoría, han de responder ante las líderes de las órdenes mayores que las formaron, pero esto sería poco práctico dado el tamaño del Imperio y el gran número de años de distancia que separan una orden menor de su orden fundadora.
Las Órdenes No Militantes Las primeras Hijas del Emperador eran tan solo una comunidad de guerreras que se entrenaban en una amplia gama de disciplinas a través de las cuales creían que podían servir mejor al Dios Emperador de la Humanidad. Estas disciplinas iban desde el estudio escolástico y el debate filosófico a los cuidados médicos. Muchas de estas tradiciones de las Adepta Sonoritas perduraron de una forma u otra hasta la era posterior a la Apostasía. Las practicantes de cada disciplina se organizan en una de las tres órdenes mayores (y otras muchas más pequeñas) que se dedican completamente a su propia esfera de influencia. Las integrantes de estas órdenes suelen convertirse en consejeras de autoridades de la Ecelsiarquía y el Adeptus Terra y también acompañan a inquisidores del ordo Hereticus, ya que poseen conocimientos especializados e inestimables. Algunas órdenes, como las dialogantes y las famulatas, cuentan con el mismo número de hermanas que las órdenes militantes, mientras que otras solo disponen de un número reducido, ya que su especialización es muy rara. Los claustros de los conventos Prioris y Sanctorum son enormes y tortuosos y aquellos que l9os han visto no sabrían adivinar la extensión total de las hermanas que trabajan en el interior de las cámaras lúgubres. -Las Órdenes Dialogantes
Las hermanas de las órdenes dialogantes son eruditas y consejeras, expertas en la traducción de textos tanto humanos como alienígenas, sagrados y blasfemos. Sus servicios son solicitados con frecuencia por la Inquisición, puesto que sus habilidades les sirven para desentrañar los códigos más enrevesados y para revelar las referencias más ocultas con las que poder llevar ante la justicia a un traidor. Se dice que las hermanas de más antigüedad de las órdenes dialogantes mantienen los textos ancestrales en la biblioteca oscura y polvorienta de la Cámara de los Orígenes, enclavada bajo el palacio del Eclesiarca en Terra. Solo las autoridades más altas de la Eclesiarquía tienen acceso a estos archivos sagrad0s, pues se rumorea que allí se guardan bajo llave los secretos de la Era de la Apostasía y del reinado de Vandire.
-Las Órdenes Famulatas Las órdenes famulatas forman un entramado de chambelanes, consejeras y diplomáticas cuyo cometido es garantizar que las familias nobles del Impero colaboren en el bien de la Humanidad negociando tratados comerciales, alianzas y bodas entre familias. Las hermanas de las órdenes famulatas simpatizan con las creencias de los inquisidores de la facción troyana, que afirman que el Emperador funciona a través de sus sujetos, lo que explica los milagros realizados por muchos santos antiguos en el Imperio. Como las órdenes famulatas tienen acceso a las grabaciones genealógicas de millones de habitantes imperiales, no sorprende que estén presentes antes, durante y después de que se registre una manifestación de la Gracia del Emperador y que, en ocasiones, parezca que pueden predecir cuándo van a tener lugar dichas manifestaciones. -Las Órdenes Hospitalarias Las órdenes hospitalarias proporcionan cirujanas, médicas y enfermeras a todas las divisiones del ejército imperial (a excepción del Adeptus Astartes) y llevan a cabo actos de gran compasión en la ejecución de sus deberes. Los soldados a los que atienden suelen considerarlas como santas y muchas de ellas han sido beatificadas (la mayoría de las veces póstumamente) después de haber realizado alguna hazaña personal de gran valentía frente al enemigo. Las integrantes de las órdenes hospitalarias suelen acompañar a muchas divisiones militares del Imperio, desde regimientos de la Guardia Imperial a ejércitos personales de comerciantes independientes, y son famosas en todo el Imperio por sus habilidades. También se sabe que están vinculadas a las órdenes famulatas porque sus habilidades complementan a las de las hermanas de esta orden en la búsqueda de los detalles genealógicos y los linajes. -Las Órdenes Sabinas
-Las Órdenes Pronatus Las órdenes pronatus están especializadas en la recuperación, protección, estudio y reparación de artefactos valiosos para la Eclesiarquía. Entre estos artefactos se encuentran las miles de reliquias sagradas veneradas por los habitantes del Imperio, pero también objetos capturados por las fuerzas imperiales considerados demasiado potentes o importantes como para que caigan en manos enemigas. También tienen la responsabilidad de mantener y bendecir los estandartes y símbolos de las órdenes militantes. Incluso se las requiere para volver a consagrar las libreas de otros cuerpos imperiales. Es el caso del estandarte del capítulo de los Lamentadores del Adeptus Astartes que las hermanas repararon tras su participación en la sublevación Badab. Las historias cuentan que las hermanas pronatus que repararon el estandarte lloraron sobre él al contemplar los pecados de los Lamentadores. En la actualidad, el estandarte se denomina el Estandarte de las Lágrimas. Algunas órdenes pronatus han defendido con sus vidas los artefactos que guardaban o estudiaban y el destino de la Orden de la Bendita Pregunta es una lección saludable de los riesgos inherentes a la acumulación de objetos imbuidos con la malignidad de los Poderes Ruinosos, incluso aunque el fin sea salvaguardar a la humanidad de su influencia.
LAS MATRIARCAS DE LA HERMANDAD
ORGANIZACIÓN DEL ADEPTA SORORITAS
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LIBRARIUM
DAEMONICA
Libro de Moghtu
-Dios de la oscuridad. By Aertes
Libro de kaathler
-Dios del fuego. By Aertes
Libro de Zérisax
-Dios de la ambición. By Aertes
Libro de Dagobsis
- El amo del destino. By Aertes